La revista electrónica de Los Cabos
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Edward Steiner

Padre de la hotelería cabeña 

Sandra Ricco

“Ha sido para mí un honor, un privilegio el haberte conocido. Deseo que nuestros caminos se vuelvan a cruzar en este nuevo capítulo de mi vida”   


El legado que dejó Edward Steiner se puede sentir, más que tocar en Punta Palmilla, Los Cabos, México.

El hotelero mejor posicionado de América es hasta hoy Edward.


Nadie ha podido ocupar su lugar, y los que han llegado a cubrir su puesto en hoteles como Las Ventanas al Paraiso o One&Only se han visto rebasados por las altas expectativas que él creo.

Fue artífice de la felicidad de miles de huéspedes que se sintieron justo en el paraíso al llegar a las  propiedades que él gestionaba.

Felicidad que se multiplicó y dio fama a Los Cabos en sus días, por lo que se convirtió en el destino más Eco-exquisito de América,

premios y prestigio que él trabajo y nos regaló.

Steiner recibió los más altos galardones por su trayectoria de 40 años en la hotelería y otros más por hacer de Las Ventanas y Palmilla los hoteles más elegantes y excelentes de América y del Mundo, por largo tiempo, hasta su retiro en 2012.

Su obra maestra fue sin duda la recreación del legendario hotel Palmilla, de Los Cabos. Él supo ver con el corazón el valor real de esta propiedad.

Sitio que desde 1958 recibía a personalidades como la Diva María Callas, que llegaban en avioneta cuando ni caminos ,ni aeropuertos había.


El Palmilla es un hotel extraordinario, espiritual, yo lo conocí sin lujos, ni manteles largos en 1999 cuando hice una edición de Los Cabos, es esos días también conocí a Edward cuando en Las Ventanas el era gerente general.

Hice contacto de nuevo con Eduardo en 2005, luego de que yo ya había regresado del extranjero, y así, él a distancia, organizó  con gran distinción mi arribo al One&Only, para que diera mi opinión en El New York Times Magazinne en español donde yo era estratega.

Me acompañó mi novio de entonces y ahora papá de mi hijo. Puedo asegurar que ese viaje (porque vivir unos días en el Palmilla es en sí un viaje) cambió nuestra vida.

Pude reconocer ese mar, sus acantilados, la construcción tan sencilla y elegante a la vez, y así afincarme definitivamente.

Aquella fue mi experiencia más refinada en un resort de América, lo sabía porque a esa altura yo ya había viajado lo suficiente para poder distinguir lo falso de lo verdadero. Y el Palmilla es y seguirá siendo un hotel Verdadero, es emocionante estar ahí.

Esos días pude verdaderamente descansar, tenía años viajando demasiado, pude saborear conscientemente de nuevo una naranja local, una pitaya, un vino de Parras y un faisán…

Pude recorrer el campo de golf todos los días algo que aun hoy me fascina.

Al regresar un par de veces por mi cuenta seguia manteniendo su nivel.

Porque en cada detalle que dejó Edward Steiner puso su alma, él me contó que viajó por todo México para conocer a su gente, y de ahí trajo artesanías, bebidas espirituosas, bordados, y sobre todo se reencontró a sí mismo y amó a México. Amor que pudimos sentir en esas estancias, y cada vez que podemos, pasamos a comer algo y sentirlo ahí, en la orilla del acantilado donde el viento acaricia mi rostro como la primera vez que regresé a Los Cabos en 1999.

Porque el One&Only Palmilla es un lugar de retiro, algo que Steiner comprendió sabiamente y lo ambientó haciéndolo un verdadero hogar de reposo perfecto. Un sitio sanador.

Cuando vi de nuevo a Edward en el 2008, no lo reconocí, se había transformado, ya estaba enfermo y no me lo había dicho.

Generoso, cariñoso y protector como siempre lo recordaré, aun con tantos compromisos y viajes, me confirmo que sería padrino de la misa de bautizo de Sandro, mi hijo.

Eduardo Steiner abrió camino y dio ejemplo en obra a sus colegas del turismo, quienes lo han imitado pero no han honrado, de ahí el error, pues él gestionaba con el corazón, quería a sus colaboradores y  les motivaba, los instruía con su sabiduría, los respetaba.

El lujo y el rigor del servicio tenían como base el valor de lo anterior. No al revés.

Van desde aquí mis peticiones de que el legado de Steiner desde Los Cabos, siga su curso y se renueven no solo los resorts, sino sus valores y su espíritu, pues para ello existen seres tan extraordinarios. Al olvidarlos, negamos nuestra herencia, y existencia.

Decae la conciencia.

Por mi parte, seguiré llevando siempre la mano en el corazón como a él le gustaba, -algo que el aprendió en los pueblos de México-, para saludar, algo que todos su colaboradores leales aun hacen, así los reconozco, y ello representa un reencuentro con el padre de la de la hoteleria cabeña, y su legado, que no solo queda en cuatro paredes, sino en todo un destino.

¡Viva Eduardo, Viva Los Cabos!

Sus últimas letras Fueron:

“Ha sido para mí un honor, un privilegio el haberte conocido. Deseo que nuestros caminos se vuelvan a cruzar en este nuevo capítulo de mi vida”   

*Edward Steiner murió en 2013, de cáncer.