La revista electrónica de Los Cabos
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Coyoacán, piedra, café y mezcal

Por: Sandra Ricco

Recibe lluviosa la antigua entrada al atrio con sus formas de la segunda mitad del siglo XIX.

Melancólica...su fuente en honor a los coyotes que los antiguos pobladores exterminaron para luego venerarlos en está obra.

Un café chiapaneco en La Selva o en El Jarocho es un clásico para caminar y dejarse llevar.


Visitar el Barrio de Coyoacán es un viaje al pasado colonial y presente cultural de la Ciudad de México.

Iniciar por visitar el Mercado de Artesanías en Carrillo Puerto para luego echarse un helado al paladar es parte de la tradición.

Llegar por Avenida Universidad que corre de norte a sur; por Miguel Ángel de Quevedo, de oriente a poniente, es una buena opción para ubicar tierra volcánica y tomar energía; Ciudad Universitaria y clima frío dentro de la ciudad.

El crucero que cuenta con una glorieta marca el límite con el Barrio de Chimalistac, donde se encuentran casas de cultura y caserones de piedra y madera, un pequeño pueblo dentro de Coyoacán, que se dice, es de finales del siglo XIX.

Caminar hacia el noroeste, desde donde se pueden recorrer numerosas colonias del Barrio de Coyoacán.

Desde Chimalistac, la calle Francisco Sosa, un paseo que incluye convento y cafeterías históricas, una calle bellísima y también puede tomarse desde Avenida Universidad.

Llegar por Avenida Centenario, Melchor Ocampo y Tres Cruces, son calles que no se puede perder.

Coyoacán, "Lugar de Coyotes", en lengua náhuatl, y fue la rivera sur del lago Texcoco.

Su etnia, la tecpaneca, lugar de agricultores y artistas, desde entonces, que se especializaban en la talla de piedra volcánica que venía del Pedregal, que era un pequeño pueblo, ahora convertido en residencial de lujo.

La piedra volcánica la extraían del volcán Xitle al hacer erupción.

El gobierno de Hernán Cortés fundó en esta zona el primer Ayuntamiento del Valle de México, se dice que se instaló en una residencia de la que solo quedaron vestigios que se pueden ver en el edificio de cabildo construido en 1755.

Los edificios virreinales aún se conservan en Coyoacán, pero las casas familiares y rústicas viviendas de adobe corresponden a formas del siglo XIX.

Imperdible... porque este barrio murmura entre sus callejuelas de piedra las verdades y mitos de El Indio Fernández, una casona que todavía se preserva gracias al tesón de su hija María, y así, singulares refugios y museos que son preservados por los habitantes de un sitio cultural, que les ha visto crecer y donde ellos desean fallecer en paz, rodeados de piedra, café y mezcal.

Un barrio con apariencia de "haberse congelado en el tiempo" lo que incluye mitos de aparecidos y políticos que han vivido también es esté oasis citadino.

Universal... Porque hay lugar para todo y para todos, pero conserva siempre su vocación cultural, artística e intelectual, a la que se adaptan gustosos los que de negocios y política viven. 

El jardín, centenario espacio de poetas y soñadores, a visitar, así como el Antiguo Convento de Churubusco, con exposiciones culturales.

La Casa de León Trotsky, examante de Frida; los viveros, y El Museo de la Acuarela, emblemáticos del barrio de Coyoacán.

En el Hábito Bar se desarrollan unas buenas puestas en escena con música de fondo, que Jesusa Rodríguez tiene a bien llevar.

La visita a la Casa de Salvador Novo, poeta mexicano, periodista, cronista y autor de teatro en los años 50 es obligada; dentro de su casa se representaron varias de sus obras, agasajaba a sus invitados preparando guisos y tertulias.

La oferta gastronómica inicia en el Mercado de Allende, recorrer sus pasillos para llenarse del sabor de sus moles y frutas, de sus tacos y pescados...de donde Frida Kahlo se alegraba y cocinaba se dice, casi a diario y desde donde es posible llegar a la Casa Azul, su morada, desde donde luchaba junto a Diego Rivera, por reivindicar el arte pupular.

Coyoacán, huele a pan, a mole negro de los danzantes y a tamal, pero La Guadalupana, fundada en 1932 no se queda atrás, y en Los Cabos hay una sucursal.

"Todos los coyotes somos guadalupanos", reza a la entrada un cartel, de está cantina que recibió a Dolores, del Río y María Félix, un mural reconstruye la historia del espacio culinario más visitado.

Desde el Centro Histórico restaurado, donde está la Fuente de los Coyotes, no hay que olvidar que es uno de los lugares más interesantes, siempre que se le visite con ánimo de tocar, aprender y divertirse, andando por el antiguo Camino Real, desde donde se comunicaba San Ángel, y donde se levanta una pequeña capilla del siglo XVIII, que se dice, a voz popular, fue construida por la madre de unos contrabandistas.

Coyoacán un lugar entrañable... la Calle París quedó en mi memoria durante mi paso hacia el francés Le Monde... Calle donde prácticamente descubrí el mundo y su belleza, compleja y universal, sí, desde un barrio mexicano… imperdible.