La revista electrónica de Los Cabos
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De Punta Palmilla a Punta Chivato

Por: Sandra Ricco



Amanecer en un lugar remoto de frente al infinito paisaje colorido y azul; a mi derecha la luna, a mi izquierda el sol... y el barco pesquero que pareciera pirata.

Donde me siento en altamar... pero estoy pisando tierra firme, tierra bendecida por los que creen en ella... los que la viven y la procuran.

La nueva travesía para recibir la década nueva comenzó en Punta Palmilla, donde nos preguntamos muy temprano por qué no reconocer y conocer de paso más de la ruta de nueve horas que nos ofrecía pura felicidad al andar... porque caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Pues ¡andiamo y ándele, jálele dije al bebé y a mi cómplice de aventuras!

Andar sus dunas por las que hay que pasar para llegar a la Posada... la única posada legendaria y construida en 1966 por un Lui aventurero y visionario que dejó el alma y cedió a italianos apasionados y talentosos la misión que requiere semejante empresa.

Chivato, lugar reconocido por geólogos de universidades internacionales es... Punta Chivato debido a su posición geográfica y fósiles de moluscos; tesoros para los guardianes de la naturaleza que hablan de vientos tremendos de ¡más de 160 km por hora!

Reconocido también y sobre todo por los Real State que desarrollan al parecer con responsabilidad la zona.

Lugar donde uno puede sentirse pirata, pescador o escritor, lugar que había de dar más a menudo artistas que nos narren y cuenten, a través de su obra, la vida en alta mar.

Sol benévolo que nos acompaña y guía, sus sombras y destellos nos avisan si es tiempo de acelerar o parar un poco antes del anochecer.

Generosa es la ruta hasta Loreto pasando por La Paz y su gente guía y amiga... siempre silenciosa.

Silencio que ameniza el viaje que limpia y purifica, un viaje que va de adentro hacia fuera, un viaje en soledad muy personal.

Dormitar en Loreto viendo las estrellas y la casi luna llena nos emociona... excepto por la terracería en pleno Centro... me imaginé como en la Edad Media, cuando no había pavimento, entre los edificios históricos y los pocos turistas... por lo que la opción fue ver desde la terraza frente del Ayuntamiento la bella cúpula de Nuestra Señora de Loreto y disfrutar la tarde.

Tempranito, pero no demasiado pues son ¡v a c a c i o n e s! nos dirigimos emocionados a tomar camino para Chivato sabiendo que, como de costumbre, asombroso sería el recorrido.

Y así fue... Pasando por en medio del desierto saludando la Sierra de la Giganta y la bella Bahía de la Concepción donde necesario es bajar a bañarse en el mar.

Camino largo y placentero de una inmensa paleta de colores y formas que hacen sonreír... vivirlo en persona y consumir lo nuestro es cuestión de honor. Camino que hace vivir... tal vez hasta revivir.

Impresionante resulta la estrecha carretera que cruza la sierra y de pronto nos pone a la altura de la montaña para luego mostrarnos el Mar de Cortés en todo su esplendor.

Hermoso es admirar el ¡Golfo de California desde las alturas!

Peligroso no tener precaución con tanto tráiler a altas velocidades y autos sin placas.

Llegamos a Palo Verde, el sitio señuelo al que luego hay que acceder por camino de terracería de 18 km que llevan directo al paraíso... dentro del paraíso. A saber que es posible llegar a Ensenada de Muertos a dos horas caminando. ¡Y sin desfallecer en el intento! por supuesto imperdible es Santa Rosalía, a quien hay que visitar para que se recupere del huracán que aun deja huella... lugar de arte arquitectónico e histórico... de Eiffel.

Amaneciendo el año me encontré en Punta Chivato, en compañía de mis dos cómplices exploradores y desde luego de mi dios el que nos da esperanza de que la vida a pesar de todo es bella y si no... entonces se está algo cegatón y sordo ante tanta belleza real en Baja California Sur.


De Punta Palmilla a Punta Chivato, un privilegio para aquellos que se aventuren a hacer turismo y generar bienestar y recursos para los nuestros... privilegio sentirse parte de una tierra paradisíaca. Isla en un lugar incógnito que tiene como legado hacernos crecer aunque sea en felicidad