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Jerez, Zacatecas

Por: Sandra Ricco 

 



“Oyes el diapasón del corazón?

Oye su nota múltiple el estrépito de los que fueron y de los que no son”

 

Jerez se encuentra al  noroeste de México, en el estado mexicano de  Zacatecas, es una provincia quieta y de plácida armonía.

No extraña entonces que sea el sitio de nacimiento del poeta Ramón López Velarde en el año 1888, quien escribió “La suave patria”.

El paisaje  de esté encuentro es algo árido, es parte de la historia del salvaje oeste ligado a la vasta geografía, sus indígenas, los zacatecos  fueron cazadores, así poco desarrollaron la agricultura, vestían entonces suntuosas pieles de venado. Pues eran maestros en el uso del Arco y la flecha.

Pueblo discreto, no competían con las grandes civilizaciones de los mayas y los aztecas.

Sabían de astronomía, la previsión del calendario y el tiempo.

Nunca pretendieron ser imperio, pero lograron una gobernanza digna con ayuda de los sabios, sus alcaldes y consejeros.

Su religión es un tema interesante:

Creían en tres Dioses: un niño que gobernaba las lluvias, un Dios de la Ciencia al que consultaban sus dudas y problemas y  el Dios de las batallas, el que portaba el arco y la flecha.

Dicen los zacatecanos que en Jerez el Sol actuaba como una deidad creadora que en la primera mañana, antes de que el tiempo transcurriera, salió resplandeciente de la obscuridad y así bajó sobre el caos del mundo que estaba cubierto por las tinieblas y después las aguas.

Construyó en una montaña de la región escalinatas cósmicas y pilares  por donde bajo y subió al cielo para viajar por las cuatro direcciones cardinales  formando el tskuri  que es una cruz romboide que es la que le dio forma al mundo inicial.

Se creo así el tiempo y el espacio circular, existiendo así: día-noche, desierto-mar, luz-obscuridad, cielo-inframundo, selva-desierto.

La cruz romboide construida por los zacatecos, para honrar ese momento aun existe en ruinas, sobrevive el vértice sur.

Las calles de Jerez nos llevan a otro tiempo, cuando su vida se vinculaba a rituales religiosos, observando con cierto cuidado las disputas políticas nacionales y amenazas de revolución, que no le hicieron perder la calma.

Jerez fue en 1570 un sitio de defensa militar, su nombre entonces era Jerez de la Frontera, era un fuerte para combatir a los “indios insumisos” -como los llamaban los españoles- que poblaban la región, y asegurar los envíos de plata que se extraían de la región. El saqueo de la corona española.

Jerez heredo una arquitectura colonial de tipo romanticismo ecléctico del siglo XIX.

En su santuario la virgen de la soledad es la patrona del pueblo, la llaman la tres veces generala porque militares en agradecimiento por su ayuda en batallas le donaron sus bastiones de mando.

 

“Mis hermanos de todas las centurias reconocen en mi su pausa igual, sus mismas quejas y sus propias furias…”Ramón López Velarde