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Oaxaca, el museo de las culturas

Por: Sandra Ricco

Monte Albán, en Oaxaca, reúne la ciudad prehispánica y colonial; dos joyas auténticas que hoy dan testimonio único de la huella que dejaron en esa región tres culturas sucesivas: olmecas, zapotecas y mixtecos… creación singular del Valle de Oaxaca.

Hoy se admiran sus monumentos construidos sobre la montaña a 500 metros de altura desde donde se aprecia una espléndida vista desde su imponente explanada, que descubre una singular variedad de formas arquitectónicas destacando la de los Danzantes, que muestra figuras en piedra tallada de influencia olmeca con figuras humanas bailando. 

Una de las joyas arquitectónicas del México prehispánico sin duda lo es la ciudad de Montealbán.

Su máximo desarrollo tuvo lugar entre el año 350 a 750 d.C. con una población de entre 35 a 35 mil habitantes, etapa de la cual datan la mayoría de sus monumentos.

Sitio de tumbas que hoy en día representan el único testimonio de la vida olmeca, zapoteca y mixteca… en especial la número siete, que contiene impresionantes objetos a modo de ofrendas.

Por más de un milenio Montealbán ejerció una influencia considerable en toda el área central de Oaxaca y la permanencia del Juego de Pelota ¡que hoy en día continua!

Parte de la riqueza de Oaxaca es que su gente regresa para enriquecer su tierra con sus aprendizajes… allí están Lila Downs, el maestro Francisco Toledo o Rufino Tamayo, entre otros artistas y emprendedores que aman su tierra.

Sitios arqueológicos, pueblos ancestrales y playa… qué más…

Pero el Oaxaca contemporáneo, de calles coloridas, también existe y coexiste entre las otras culturas.. y para recorrerlo me pongo un huipil… aquí los bares están en las galerías de los pintores.

Su nuevo Museo Textil, que aporta cultura y tendencia al arte internacional en todas formas.

El centro histórico conserva el aire de la ciudad colonial que fue fundada por nuestros amigos españoles en lo que se conoció cono Antequera, el zócalo sigue siendo un punto de reunión excelente, el termómetro para medir el animo oaxaqueño.

Tiendas de diseño textil, de joyería en plata y oro de Montealbán regenteadas por sus creativos y dueños, chavos con muchas ganas y empuje. Aquí la gente trabaja en grupo… en comunidades, lo que los japoneses llaman cultura organizacional. Se trae en el ADN.

El centro fotográfico Álvarez Bravo, la galería Quetzal, el Museo de la Filatelia y el de Rufino Tamayo son imperdibles.

Oaxaca sabe a guisos prehispánicos como las tlayudas, huitlacoche, flor de jicama, chiles secos, que se pueden saborear en el Mercado Juárez y para llevar también, quesillo que se deshace en la boca y café Pluma… ¡tan solo una variedad de tantas exquisiteces que se producen en México!

¿O por qué no? un caldito de piedra ese que preparan, rumbo al Tule los hombres, una tradición en la sierra… ¡Qué alegría! Casa Oaxaca y Fonda Florecita, en el mercado de La Merced, para más señales.

Su paisaje urbano que expresa su historia al máximo en la catedral, templo y exconvento de Santo Domingo… ahora centro cultural ¡de donde uno no querrá salir! de tan hermoso y cálido… espiritual. ¡Caray!, mejor que un spa.

Sus mercados… sus soles, su café…sí… Oaxaca huele a mole negro.

Sitio del barro negro, la artesanía que le ha dado fama mundial fabricada con un barro especial sus piezas de formas caladas son cotizadísimas en el mercado de San Bartolo Coyotepec, que está a solo 16 kilómetros, por si se ofrece.

La Oaxaca de dioses (motivo de mucha reverencia) y cultos oaxaqueños se conserva por sacerdotes, comunidades y el respetado Consejo de Ancianos que sentados alrededor de un petate enorme realizan ceremonias con cantos, ofrendas y sacrificios, en honor a las veleidades como el Dios del Rayo, para que envíen lluvia a las cosechas… ¡Cuestión de fe! Ocasiones en las que agradecen… algo que nadie debería olvidar hacer.

Interesante resulta el culto al Dios Viejo, representa para esta cultura la sabiduría, la experiencia y la cordura.

Lugar auténtico que inspira a no desfallecer y a comer con un buen mescalito, que permite entender mejor esos grafittis en camisetas.

Escuchar a los oaxaqueños, la voz de su gente buena.. ellos que se sienten “en el lugar donde deben estar” son creativos y se reinventan hasta resurgir de las cenizas…un estado en el que la política y la imbecilidad los sumerge una y otra vez, pero Oaxaca es más que caprichitos de unos cuantos abusivos… su grandeza es tal que imposible es destruir tanta belleza y generosidad. A saber que están protegidos por sus Dioses… ¡cuestión de ánimo!