La revista electrónica de Los Cabos
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Puebleando BCS I

Por: Sandra Ricco

¿Cómo es que el sol continúa brillando? ¿Cómo es que los Pájaros todavía Cantan? ¿No lo saben?

Primera parte

Y son los pueblos Misioneros de Baja California Sur los que ahora me inspiran por ese aire espiritual y sobrio, emotivo pero fuerte sin dobleces. Pueblos que se piensan en el imaginario colectivo local como "extraviados", empolvados y algunos olvidados...

Bien vale la pena recorrer nuestra California a pie, porque a lo largo de los siglos los primeros ranchos, las casonas comunales mas antiguas se erigieron en una extremidad peninsular separada de un cuerpo, nuestra península, alejándonos desde entonces del trajín cotidiano de las ciudades, del trajín del Mundo.

Formada por una hermosa bahía localizada en el extremo meridional de la península de Baja California, esta población paso en pocos años de ser un desconocido y encantador pueblos pesqueros, a ser uno de los destinos de playa favoritos en el mundo; además de ser una de las mecas de la pesca deportiva y el mejor destino golfístico de México.

Pero adentrarse a conocer algunos de los pueblos que aun conservan esa pureza ligada al mar..y legada por los ancestros en cuestión de honor.

El camino que nos lleva desde San Ignacio rumbo haca el Océano Pacífico se observan antiguos caseríos y ranchos plagados de hierva el desierto, sitios que suenan a siestas, a guitarra como dice Camarón de la Isla, " entre tomillo y romero..la tarde huele a siesta..y llevo un suspiro al viento..las palomas en silencio.." sitios que huelen a humedad.

Hoy no hay muchos vestigios materiales de la presencia de Pericúes, guaycuras y aripes -los tres grupos indígenas que habitaron el sur de la península de Baja California-, aunque su carácter robusto, impetuoso y firme sigue presente en sus descendientes; o eso quiero creer!

Mas Allá avanzar hacia el camino de dunas es mentalizarse a ser un explorador en medio de salitrales gigantescos que nos conducen a campos pesqueros y de ahí a los pueblitos Misioneros y dulces.

En San José de la Magdalena de cara al golfo y en medio de la sierra de Guadalupe que impone, una de las comarcas más respetadas y antiguas, admirable por sus ganas de sobrevivir y donde aun se vive del trueque, intercambio de mercancías..gente valiente que se aferra a la tierra con dignidad.

Montados a caballo y Mulas los rancheros se ponen de acuerdo como en antaño para ofrecer queso y carne a cambio de frutas, aceitunas que por cierto no son menos gourmet que las más caras europeas, son mejores.

Mulegé situado a solo una hora es un oasis que hay que saber disfrutar en su vieja Misión. Cuenta con un hermoso río algo que lo hace diferente, ya su gente.

Loreto , es posible descubrirlo a paso lento, recién renovado, caminar su malecón que si hablara nos contaría historias de gente felizmente aislada en la magia de esté lugar, con imágenes que conocemos bien..del mar y el desierto, pero que nunca son iguales. 

San Miguel de Comondú se encuentra al paso, tierra adentro lugar utilizado desde 1714 por el Padre Juan de Ugarte como estación de paso ganadero y huerta de la Misión preciosa de San Javier, lo que le impulso en sus días y hasta hoy, sus empresarios luchones, amantes del campo, a saber que el calor sube por estos Lares. Su antiguo canal recoge el agua de lluvia que viene de lo alto de la sierra.

Comondú y sus pobladores aun producen y consumen (oferta y demanda básico) dátiles exquisitos, uvas y pasas que de primera sembraron Los Jesuitas, semillas preciadas que deberíamos poder disfrutar más los locales..San José de Comondú está aquí...esperando ser visitada con su estructura de piedra levantada con manos jesuitas del siglo 18.

Llegando a la Purísima, que se caracteriza por sus huertos frutales un lugar para relajarse y comer lo propio lo que la tierra da.

Recorrer las Minas es obligado, donde da la impresión que el tiempo se detuvo y se oxido! la explotación de los minerales de está región comienza en 1747 durante la colonia cuándo se fundo el Real de Santa Ana, algunos historiadores refieren que fue Manuel de Ocio que impulso el auge que tuvo su mayor nivel en el Porfiriato lo que se sabe al admirar las construcciones donde aun huele a Mezcal, en la antigua fabrica, la fundición y la panadería, la vieja red de caminos son puentes hechos de piedra y restos de rieles de ferrocarril. Muy cerca y más al sur está la Mina Flores, ganaderos reciben al turista y ofrecen artículos de piel hermosos.

El Rosario cuenta con una Iglesia del siglo XIX sencilla y limpia, como sus pobladores, donde existe un panteón que se sabe es el más antiguo de la península, imperdible es el santuario de cactus, donde se pueden admirar los diversos tipos de está planta medicinal a veces y mortal otras..un reflejo del carácter de su gente... quizá.

La antigua Fundición conocida como Los Juanes se encuentra en San Antonio ubicado a escasos kilómetros, caminar su pequeño centro histórico y las ruinas de las rosas es un cuento aparte, único e intransferible..pues hay un arroyo que no vi.

Detrás de la sierra que me confronta y recuerda el camino a casa, al final de la tierra, a Los Cabos, donde se levantan los Pueblos de San José y San Lucas, con su propia historia de Indígenas, rancheros a caballo y Misiones, historia matizada por el futuro que tiene que ver con la modernidad...con el Finisterre.. como dice Murakami en su novela: "Como es que el sol continua Brillando? Como es que los Pájaros todavía Cantan? Acaso no lo saben? No saben que ha llegado el fin del Mundo? "Yo vivo en el".

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