La revista electrónica de Los Cabos
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San José del Cabo, tierra prometida

Por: Sandra Ricco


San José, el anfitrión de Los Cabos, vive entregado al mar, a su ritmo, que envía cada día su brisa desde dos mares y lo hace apacible y pintoresco.

Cuentan los abuelitos cabeños que cuando la confianza era tal que se vivía de puertas abiertas y en la calle grande donde hoy está la Casa de la Cultura se organizaban quermeses y fiestas, era tradición tomarse la siesta, por lo que no había un alma por la calle... Cuando las vacas y los mangos viajaban por barco y de vez en cuando venía algún circo o teatro a la calle Mijares, aún sin pavimentar, donde se organizaban carreras de caballos... 

Recuerdos de un imaginario local reacio a olvidar esa alegría relajada y tenaz, por el duro clima y lejanía.

En el siglo XVIII se funda la Misión de San José del Cabo ubicada frente el kiosco y el Jardín de los Cabeños Ilustres; entonces pocos tenían alberca, la opción era montar y nadar directo en el mar mas alebrestado de México.

Este poblado se desarrolló lentamente y fue el los años 50 cuando emerge como el sitio elegante gracias al turismo sofisticado de personajes de cine y campo de golf en Punta Palmilla, detonando el crecimiento inmobiliario y hotelero.

Descubrir el San José que ha crecido también entorno a su naturaleza marítima única y ejemplar, viviendo sus pobladores también de la pesca y recolección de frutas exóticas gracias a sus áreas de microclimas donde productos orgánicos de primera calidad, todavía hoy se da. La atmósfera colonial, algunas calles aún conservan casonas, algunas convertidas en tiendas y restaurantes que tienen un toque especial tropical. 

Vale la pena pasear con la familia y amigos alrededor del kiosco, después de ir a la Misión fundada en 1730, y a lo largo de su plaza principal, ahora con fuentes danzantes. Recorrer las calles de estilo colonial y tiendas que ofrecen desde paletas heladas de fruta, artesanías y platería, hasta dulces típicos de la región.

Visitar el Teatro de la Ciudad, la Casa de la Cultura y el Museo del Mar, comer en sus terrazas... en plena calma.

Los nueve arcos en la fachada el Palacio Municipal de Los Cabos y su bello reloj en un edificio de arquitectura colonial que data de 1891, dan fe de la sencillez y elegancia con la que en sus inicios se concibió la arquitectura de este lugar, cuenta con un patio central a visitar, a medio día, para equilibrar los electrolitos perdidos en el andar, los una vez repuestos, hay que irse hacia el mar y conocer el desarrollo Puerto Los Cabos en La Playita; residen pescadores y comerciantes... Disfrutar de la playa y el ambiente de sus alegres pescadores, que venden el pescado fresco del día, y quizá "pistear".

Si surfear es lo tuyo... surf en Acapulquito escénico, con olas que permiten disfrutar al máximo este deporte, y al atardecer rosado no hay como montarse en un caballo y dar un paseo por las tranquilas playas de San José; o bien, ir al Jardín Botánico (cerca de la plaza principal en la Av. Antonio Mijares) y apreciar una gran variedad de cactus y flores exóticas de la región.

Para cena no puedes dejar de probar el delicioso pan local preferido por los cabeños, recién horneado en la panadería 1° de Mayo, una de las panaderías más antiguas de la ciudad, ubicada en la calle de Valerio González, o quizá en la pastelería Francesa French Riviera, un clásico con más de 10 años.

La gastronomía local conserva el toque de diversidad norteña que la hace única, huele a brasas con la pesca y carne local, a mangos pequeños y dulces, a tierra y mar.

Disfrutar San José del Cabo y conocer a su gente más de cerca, descubriendo al tiempo quiénes somos, pues se sorprenderán de la diversidad de sus habitantes, almas gemelas de Todo México, terceras y cuartas generaciones de aventureros que llegaron a emprender un paraíso desierto (literal) que hoy disfrutan sus nietos... y turismo internacional.

Qué es difícil dejar.