La revista electrónica de Los Cabos
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British Columbia

Sandra Ricco





Las vistas impresionantes de las aguas de los estrechos de Johnstone y Georgia, nos llevan a Vancouver, una ciudad excéntrica y que está entre los emplazamientos más bellos del mundo en Canadá, y es desde ahí, que se toma el ferry que pasadas tres horas de intensa admiración a la naturaleza con verdes exuberantes nos lleva a una ciudad inolvidable: Victoria. En donde se conserva una de las principales influencias de la historia de Canadá: La inglesa.

Esta es una tranquila y tradicional ciudad, que además posee fama de conservar un aire de viejo pueblo costero, carácter que acrecientan en verano las abundantes flores de los maceteros que decoran las farolas, balcones y fachadas preciosas.

Fue establecida como punto comercial de pieles en 1843, luego vivió momentos turbulentos durante la fiebre del oro 1858-1863 cuando miles de buscadores se la pasaban “echando chupe” en los más de sesenta bares o “salones” del Market Square.

Victoria fue designada capital de la Columbia Británica en 1871, pero no tardó en ser desbancada por Vancouver, debido a su crecimiento y empuje comercial, aun así, Victoria sigue siendo el epicentro político y de “grilla” de Columbia Británica, donde se reúnen intelectuales de todo Canadá.

También, por supuesto, es uno de los mayores destinos turísticos del país debido a su belleza y cultura, ya que las tradiciones británicas heredadas siguen conservándose como la hora del té, el famoso desayuno inglés, el orden y ¡claro! el acento de su idioma. También resalta en la arquitectura y ambiente sofisticado en este puerto apacible, donde al atardecer se percibe el aire color naranja sobre los yates aparcados en la marina, y se observa el regreso de los turistas, que se aventuraron en kayak.

Dando un paseo, se puede contemplar los edificios de finales del siglo XIX, en Bastion Square, donde se observan sus restaurantes y tiendas de moda o en Market Square, donde sus edificios fueron restaurados en 1850, o como los edificios del parlamento, o el Hotel Empress, toda una antigüedad que hay que visitar especialmente en la noche que es iluminado con luces lo que lo hace lucir espectacular y favor de no perderse su buffet es delicioso y para ahorrar, ¡se puede compartir!

En Victoria parece que el tiempo no pasa, se respira una serenidad que equivale a ¡varios masajes! aun así me encuentro con motos Harley Davison que no son conducidas por chavales, sino por adultos ¿mayores? que disfrutan hasta el último suspiro de la aventura y la playa que está muy cerca del placer de vivir sin miedos.

Es en la marina, en sus bazares con toque hippie, donde se puede encontrar pinturas en óleo, retratos y disfrutar del paisaje y música, y una oferta cultural recomendable sobre todo en verano, ¡por el clima! para no morir de frío, y donde los Victorianos y visitantes reconocen a los amigos y conocidos que se llevan pulseras de piel y tela, cuarzos y objetos de buena suerte.

Estimulante es percibir, que en el ambiente se siente ya la influencia latina que se encuentra en todo Victoria y empieza a sembrar raíces profundas, debido a las oportunidades brindadas por Canadá para el trabajo legal de inmigrantes, tal vez por ello se siente esta calidez ya mezclada entre dos culturas casi opuestas, que han logrado la armonía, respeto y trabajo en equipo, para conservar una ciudad con personalidad cosmopolita, donde los habitantes, y visitantes se mueven libremente sin miedo, y realmente viviendo, disfrutando de las oportunidades y confort de esta bella ciudad, donde el tiempo y gusto de ser y estar, pasa lentamente.