La revista electrónica de Los Cabos
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Cannes, la fiesta francesa

Por: Sandra Ricco


 

El escenario es la Capital Mundial del Cine: villa de estrellas, yates de oro, "pachanga", lentejuelas y personajes afortunados.
 
Sus colores naturales son brillantes, de rocas gigantes su mar; la alegría de los pescadores deportivos se observa en el "pub" o cervecería, cuando la noche cae, felices de sentirse por una tarde parte del mar, y de haber trabajado realmente... Así, regresan a seguir disfrutando el atardecer con cerveza en mano, sus risas, y chistes locales invaden el lugar.
Magia de cine es lo que hay, porque a decir verdad, el sitio es más sencillo en cultura y pequeño en territorio que nuestra costera en Acapulco. Llena de gente morena preciosa y local, pero, el marketing hace lo suyo: las tiendas son lujosas, pequeñas y ostentosas; el dinero que se invierte en crear toda esta impresión de grandeza y glamour atrae, por supuesto, turismo e inversión, algo de lo que hace falta a México, pero todo tiene su precio decía mi abuelo. Veo extranjeros por doquier, como yo.
No, aquí no hay calor de hogar, ni una enorme sonrisa sin trago de por medio, aquí nadie vuela bajito, ni al ras del suelo, pero sí mucho glamour y fotos, así que a disfrutar lo que hay ¡cual personaje de revista!
Es tal vez por su altura en fama, por encima de su naturaleza, en el mar que es por demás bella, que pareciera como si se accidentaran entre sí el glamour y la realidad que escondiera ese Cannes pueblerino y autentico, el de la provincia, con platillos provenzales que saben a jitomate y olivo, a vino blanco y mejillones, ese ambiente que viene del pueblo francés.
De octubre a abril hay conciertos de música internacional, teatro y opera, pero para ser sinceros, ese no es su atractivo principal, este es sin duda, el Festival de Cine, con sus estrellas, así la belleza del mar Mediterráneo, es opacada por la abundancia de sus seres, y se observa poco.
Quizá porque hay pocos museos, para ser Francia, ¡la Francia culta!, que uno puede perderse entre la playa y la fantasía de ser Jet Set que envuelve a sus visitantes.
En verano esta tranquila localidad se llena de turistas que disfrutan de repasar el festival, lugares y hoteles, cócteles y la sensualidad de su gente y su exquisita comida.
Cannes huele a perfume, que da testimonio de las escenas vividas en mayo y que aportan su olor y color a la ciudad, para nunca olvidar.
Mientras observo, me queda poco para narrar, mejor será tirarme al mar e invitar a conocer por sí mismo el Cannes propio, porque la experiencia es individual e intransferible, con la emoción y descubrimiento de otro mundo, tan alejado de la Francia "tradicional y tan cerca de Las Vegas o El Circo de Solei. Así, mis pensamientos empiezan a trasladarse al paraíso de la Baja.
Pero sin duda, visitar esta famosa y excitante ciudad, es una experiencia imperdible aunque sea viendo la última película de Mr. Bean, ¡qué es muy parecida a la realidad!"