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Venecia, la otra mirada a Italia

Por: Sandra Ricco


 

Aquí inicia el viaje a Italia, en Venecia, de donde partimos para recorrer la 

Toscana y la costa italiana.


Llegar al Gran Canal y observar la vitalidad de una de las ciudades más 

inspiradoras del mundo es un privilegio: bellezas arquitectónicas y humanas ¡por 

doquier!

Venecia es uno de los pocos lugares en la tierra que se puede llamar "museo al 

aire libre". Cada una de las construcciones que se aprecian desde las góndolas y 

estrechas banquetas dan fe de ello, desde los apartamentos hasta la Plaza de San 

Marcos y pequeños locales, tienen, al sólo mirarlos, mucha historia.

Subir a las góndolas públicas venecianas es conocer su historia, que va desde 

bodas celebradas en ellas hasta funerales y bautizos.


Legendaria, por su patrimonio histórico y mítico.


Siempre en peligro de inundarse, desde su fundación pareciera que uno de sus 

encantos es retar a la naturaleza en medio de suntuosas construcciones de mármol 

y oro, otras a punto de desfallecer por la humedad, y el tiempo; se ven 

desprotegidas, como si resistieran de pie, sólo para no quedar mal delante del 

turista, que con tantas expectativas llega.


Situada sobre un conjunto de islas en la región de Veneto, fundada por ahí del 

siglo IX. Se dice que tiene 400 puentes, y siete islas para conocer, aunque 

algunas de ellas no tienen acceso a visitantes.


Cuando llega la marea alta, en primavera y otoño, la plaza de San Marcos se 

inunda y es provisionalmente cubierta de retablos de madera para poder acceder 

a la Catedral que diariamente recibe a miles de turistas.

 

Luego es imperdible visitar el célebre Café Florián que desde 1720 transporta en 

el tiempo en sus salones con tapices tipo mansión aterciopelada; refleja el 

estilo más antiguo de Venecia, el de la suntuosidad, en la Piazza de San Marco, 

donde en sus inicios se ofrecía una orquesta permanente tipo "café concierto" 

recibiendo a personalidades de la política, la iglesia, comerciantes y turismo 

caro porque un capuchino cuesta 8 euros (unos $120.00). ¡Pero es toda una 

experiencia!

Porque aunque no comí ese día, el Florián ofrece cotilleo auténtico italiano, 

escritores locales y turistas emocionados; todavía hoy durante el carnaval es 

posible verlo abarrotado de venecianos disfrazados, ¡ostentando la fiesta y el 

disfraz! 

Ambiente de mercadillo de sábado se vive al pasar una mañana, recorriendo los 

barrios como el de comida, frutas y verduras en Rialto o visitar el mercado de 

pescado junto al Gran Canal.

 

Quesos y pastas de todos colores y formas no deben de perderse, tradicionales 

son los espárragos, las alcachofas, los duraznos y pescados locales; y del mar 

mediterráneo, los dulces y tartas venecianas son famosos por su exquisitez.


Venecia es mítica como su Cassanova, el don Juan aventurero y conquistador 

galán, de quien puede tomarse el recorrido inspirado en sus andanzas como parte 

de una guía turística, ¡si se requiere! 

Lugar de máscaras, de andar ligero, en el centro histórico es posible; y 

recorrer sus callejuelas llenas de antigüedades y curiosidades es como el agua 

que corre por sus canales, escuchando a lo lejos una ópera.

 

Evocadora porque la calidez, el color y riqueza de Venecia se mantienen en la 

obra, ambiente y la magnífica música del compositor Antonio Vivaldi y otros 

artistas que fueron impulsados por la riqueza de la sociedad veneciana que 

alcanzó su punto más alto en el siglo XV, atrayendo artistas y siendo un refugio 

de arte y cultura, casi un monopolio.


Cultural y vanguardista, tal fue la influencia de la escuela veneciana del arte 

universal, que influyó en pintores de fama mundial como Velásquez y Rubens, y el 

arte barroco del siglo VII; y aún famosa es la Bienal de Venencia, con su 

Muestra Internacional de Arte.


Tradicional porque si de fiesta se trata, el carnaval de Venecia celebrado desde 

1800, aproximadamente, que proveía de diversión y placer a sus visitantes, 

realeza y alcurnia aristócrata, quienes todos desfilaban por el famoso carnaval, 

que hoy se reinventa y sigue mostrando sus elaboradas mascaras que cubren 

cualquier rostro.


Descubrir las islas de Venecia, ¡inevitable! en especial la de Burano, famosa 

por sus encajes de hilo, que llegaron a exportarse a toda Europa, y es en su 

Museo de Encaje donde se puede revivir y apreciar este antiguo arte, y donde 

afuera todavía pueden observarse mujeres ¡trabajando! hilando sus encajes, en 

sus pintorescas casas de colores; y sus pescadores, hacen de esta pequeña isla 

un oasis en medio de la bulliciosa Venecia invadida por turistas. Otra como la 

de San Servolo aloja a la Universidad Internacional de Venecia, que acoge 

estudiantes de todo el mundo para aprender restauración; o la de Lido, famosa 

por su glamour.

 

Estar dispuesto, y con el espíritu y los sentidos bien despiertos para explorar 

el pasado y presente de una ciudad que no le teme a la naturaleza, y se 

enaltece, se limpia y restaura constantemente aunque casi no se note. 

De aquí, en ferrocarril a Florencia...