El juicio
Resulta sorprendente que, luego de tres días, en el ámbito de la inteligencia espacial se observen las reacciones y acciones tras la última tanda de archivos del criminal Epstein.
Antropológicamente, los resultados han sido muy reveladores hasta el momento.
Justamente, en este Journal nunca publicamos en fines de semana ni días festivos.
Así que observe con atención.
Esperaba ver a mis “mentores” y colegas —prestigiados o no— escribir editoriales furiosos, sobre todo contra el lobby israelí, algunos, no todos, adoradores del genocidio en Palestina y, al mismo tiempo, víctimas del Holocausto nazi. O sea… raro.
Israel (sus lideres) que, hasta estas horas, dice dominar el mundo y poder destruir a EE. UU. Increíble.
Observo también a los Israelíes honestos que nos ayudaran a crear un mundo mejor, son aun pocos, pero ya están en el camino de la redención.
Nada publicaron la inmensa mayoría de los diarios y portales.
Revelador.
Asumo que son cómplices. Sí, ya lo intuíamos, pero este silencio es absolutamente cómplice. Obsceno. Repugnante.
Uniendo los puntos: viven y han vivido durante siglos del genocidio, de sus jefes monstruosos y pervertidos, de donaciones de Epstein; es decir, de la muerte de niñas y adolescentes prostituidas. Sí, de eso comen, y luego salen con sus grandes plumas y voces a dar cátedra. Un asco. Hipócritas. ¡Lo sabían todo!
Se creen mejores que Trump o Elon, quienes insistieron en que todo saliera a la luz y pudieron detenerlo. Lo publicaron sabiendo que estaban ahí, que enfrentarían un juicio civil y divino. Hay que tener agallas para hacerlo. Ambos, como otros se entregaron. Eso se valora. Incluso Elon podría censurar o cerrar cuentas de X que lo critican, o sus adversarios y no lo hace.
El resto del mundo también entra en recesión. Monarquías, políticos y empresarios están, en su mayoría, ligados al “SISTEMA EPSTEIN”, sin mencionar al crimen organizado infiltrado en toda la sociedad que lo permitió y lo sigue permitiendo. Esta es la revelación con documentación y pruebas.
Exhiben sus abandonos personales y errores. Los veo, los entiendo y los recibo. Son valientes.
Dejaron atrás sus ideologías. Se entregan esperando que haya algunos sobrevivientes para un nuevo comienzo: sembrar en tierra árida, con pocos recursos, poca agua y oxígeno, pero con esperanza. Saben que el dinero ya no valdrá nada.
Es maravilloso que, aunque seamos pocos, estemos en comunión y comprendamos —desde una altura de miras que muchos nunca alcanzarán— que el propósito final es vivir con honor y dignidad, o al menos terminar así: erguidos, valientes, con la confianza de saber que estamos confesados, que decimos la verdad y que quizá estemos perdonados.
Unidos, pensando en fundar una nueva casa, un hogar, una habitación, un planeta, un jardín. Soñar con jugar como niños: niños cuidados y amados, no abandonados, sin importar la clase social. El desastre ya está en todas las posiciones.
Los pueblos están impactados, pero según lo que observé en el terreno, intentan hacerse los tontos, mirar hacia donde les conviene y estirar la mano.
¿Seguir su “vida”? ¿Qué vida es esa?
¿Qué vida les ofrecen a sus hijos? ¿La de recibir becas sin merecerlas y hacerse el pobre como la abuela? ¿O la del adolescente menor de edad que se va en limusina a Nevada, al casino, fingiendo ser millonario?
Las escenas son reales y catastróficas de principio a fin.
Como dije en mi postulado hace un año: el cambio vendrá de arriba. Y ya lo estamos viviendo. Millonarios y poderosos políticos exhiben, por decisión propia, sus errores, omisiones y miserias. Podrían seguir ocultándolas, pero no. Ya basta incluso para ellos: su vida es un maldito infierno. Todo es chantaje, de generación en generación, en todos los niveles.
En la familia es lo más doloroso. ¿Qué pasa cuando la familia te amenaza, te coacciona y tiene a tus hijos? Pienso en la reina Diana de Gales. Valiente. Solo un ejemplo de sufrimiento. O pienso en mí, cuando mi madre me quitaba la comida y el papel higiénico porque yo le decía que no encubriera a su hermano infiel. Un destino injusto que debemos demandar, así como el de todos los pueblos sufridos, pero honestos, valientes y trabajadores.
Este día y los que vienen, levantemos el corazón y la mirada. Caminemos erguidos.
Ignoremos a los zombis que se hacen los tontos.
Sigamos el plan trazado y que caigan los malos gobiernos y las malas personas. No importa la clase: lo malo es malo, punto. Seamos prácticos y puros como niños.
Les diré algo:
Hace unos años, mi neurólogo (ya saben que creo en la ciencia: si te duele la muela, la mente o el corazón, vas al doctor) me dijo:
—Sandra, no estas viendo los matices, y así es la vida. No es necesario que sufras más.
Le contesté:
—Doctor, ¿nunca te dijeron tus padres qué es el bien y el mal?
Esto es bueno y esto es malo. Punto final.
Es tiempo de pensar así para decidir y vivir.
Quizá tropecemos alguna vez, pero pensar en lo bueno y lo malo antes de decidir y actuar es sembrar en nuestra mente y corazón la justicia.
El consejo es ponernos las pilas hoy y en los días que vienen, pero con calma: conscientes de lo que pasa, concentrados en hacer el bien desde nuestras trincheras, para que la energía divina fluya y nos alcance la sabiduría y la prosperidad en medio del caos.
Así sea.
¡Arriba el corazón!
Somos menos, pero mejores.
“Entre menos burros, más elotes”, decían en el rancho.
P. D. Mis posiciones de los últimos tres días pueden verlas en mi X: @rosaurarico (mi segundo nombre).

