Mujer

Una mujer proxeneta

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¿Cómo están? Pues bueno, el mundial estuvo padrísimo, ¿y no? La inauguración. Y bueno, quiero hacer una reflexión que es muy importante, porque ahora que vino Lisa, la cineasta tan virtuosa de Brasil, comentamos y le comenté que quiero hacer una sección especial para niñas y adolescentes, y claro, jóvenes, ¿no? Porque así es como camina todo. Quedamos en colaborar, etcétera.

Yo no tuve una hija porque, la verdad, me dio… Estoy haciendo… no sé, diciendo cosas que a lo mejor me hubiera guardado decir, pero miren, voy a hacer esa sección, aunque no tuve una hija por miedo a no tratarla bien, debido a mi experiencia, pero lo más importante es algo. Esta semana me llegó información relevante del inframundo, sobre que hay robos de coches, cosas así. Hay algo que yo nunca he contado, eso me inspiró, y no lo he contado porque es doloroso, porque involucra a mi propia madre, que es una mujer cruel, pero ella está luchando mucho por ser mejor.

Y lo voy a contar aquí. Bueno, yo tenía 19, casi 20 años cuando me fui, etcétera, porque una mujer me ofreció mejores oportunidades económicas y algo que yo necesitaba muchísimo, como que era un coche, la verdad, para moverme, porque vivía en satélite en las periferias, que son las periferias, al fin, en el Estado de México. Entonces, bueno, pues se me hizo una gran oportunidad.

Mi primera carrera fue marketing, porque, aunque siempre exenté en literatura, pues yo tenía que sobrevivir, etcétera. Mis padres me cerraron las puertas por sus cosas, me valió, yo nunca me detuve. Entonces, pues me fui siempre a las artes, me fui siempre a la cultura, nunca, aunque me hice trainee en varias agencias de publicidad, creo que, en IBM, en Intel, no me importó porque no había propósito.

Entonces, para mí era el arte, era la cultura. Entonces, esta era una revista turística la cual transformé, la transformé completamente, porque la verdad era un pasquino horrible. Bueno, ese no es el tema.

El tema es que esta mujer, pues es una proxeneta, se llama Nancy Rodríguez, siempre me andaba ofreciendo con los políticos. Entonces, aunque yo era la gerente de marketing y editorial, pues casualmente siempre me mandaba a cerrar los proyectos y a comer, a cenas que nunca fui, porque afortunadamente hasta eso mi padre me ayudó con eso, me entrenó. Entonces eran desayunos, comidas y agradezco desde aquí a todos esos hombres y políticos que me respetaron, que me respetaron y valoraron más mi inteligencia y mi asesoría que llevarme a la cama.

Yo no sabía esto hasta que un día ella me llevó a un table dance de hombres, muy difícil porque se me hizo, me dijo vamos a cenar y traía una amiga y bueno, pues yo confiaba en ella. Entonces fui y era un table dance y mandó a traer al galán principal a que me bailara, me aventó un billete y me dijo que se lo metiera y ya saben en la cintura, me dio mucho asco porque el hombre sudaba, olía mal y no porque fuera malo, simplemente estaba trabajando y todo lo que hacía. En fin, me dijo que era yo una restringida porque no lo acaricié como ella esperaba, etc.

La cosa es que se lo llevó y ella me invitó a su casa con él a bordo en el coche y su amiga y me dijo que había que tener relaciones y perder de una vez la virginidad porque eso me estorbaba. Entonces fue muy difícil para mí, me encontré en la cocina con este chavo del table y le dije oye, ¿sabes que yo soy virgen? Y no me interesa, me dijo sabes que no te preocupes, no te preocupes, vamos a hacer el show y yo te abrazo y les decimos que sí, lo que sea. Total, que ni se logró, nomás hicimos ahí afuera como besos y cosas así raras que ni se lograron, muy raro, muy extraño, yo estaba como capturada, fue muy difícil.

En fin, pues me fui, me fui toda confusa y luego me fui dando cuenta que el coche que ella me había dado crédito era un ancla, era un grillete, entonces yo lo pagaba mes con mes, cantidades fuertes, casi la mitad de mi sueldo, pero era importante porque era como yo me movía y además era un Jetta precioso que me encantaba y era el que yo había soñado. Bueno, le daba duro a la chamba y todo, siempre muy honesto, todo muy bien y un día el gran Víctor Avilés que trabajaba con José Wallenberg, me fui a una reunión con ellos que ella me mandó, hacía yo muchas cosas como siempre, editoriales, cerrar contratos, no sé, toda esta gente me vio tantos dones que me explotaban, pero al final aprendí mucho. Y nunca me mandaron a cursos de francés, no, no, no.

En fin, entonces el gran Víctor Avilés me dijo, oye tú qué haces ahí, realmente tu perfil es alto, vente al Le Monde Diplomatique, es un nuevo proyecto intelectual, tú eres así, vente. Y dije, claro, por supuesto, imagínate qué gran oportunidad. Entonces, yo ya sabía que había acabado de pagar el coche, como unos cinco mil pesos arriba de lo que debía, entonces le dije, esta mujer cada vez viajaba más, se daba la buena vida y hasta me había dicho que me hiciera cargo de su revista, lo cual dije, ay no, la verdad no, no me gustaba su forma de actuar.

Entonces le dije, había dos contadores, contador y contador, y les dije, saben qué, yo me voy. Entonces les dije, a ver, yo ya acabé de pagar el coche, denme mis papeles y son cinco mil pesos más y además mi finiquito, no te lo podemos dar porque no están Nancy y Rodríguez. Entonces, no, yo ya me tengo que ir, mañana inicio en Le Monde Diplomatique.

Entonces, no, no, no, ok, denme mis papeles del coche y ya, o sea, pierdo los cinco mil, pierdo mi finiquito, no me importa, luego lo vemos. Me fui. Bueno, esta mujer no hizo nada nunca porque pues yo estaba legalmente con mis papeles y todo, anduve en el milleta, milleta por todos lados.

Y cuando me fui a Londres, ella aprovechó y empezó a acosar a mi madre. Le llamaba a diario, le decía que yo le debía dinero, que le debía el coche. Horrible, horrible, espantoso.

Entonces yo vine de Londres porque me iba a casar en Londres. Entonces vine, dije, voy a vender el coche, voy a, na, na, na, mientras trabajo, un ratito, tres, seis meses. Y mi mamá me dice, oye, este coche lo regresas.

Y le dije, pero ¿por qué? Es mi coche. Y me dijo, no, pues es que esta mujer me ha dicho, pues a mí qué me importa lo que te diga. Le enseñé los papeles, el pagar y todo.

Y le dije, ¿sabes qué? Se lo mando a mis abogados. Porque imagínense, desde los 19 años yo tengo abogados. Y me dijo, no, no, no, vamos con mis abogados.

¿Cuáles eran sus abogados? Pues del movimiento de Andrés Manuel López Obrador, que ella era fanática. Dije, ok, vamos. Papeles en mano y le dijeron, no, pues que lo regrese.

Y yo le dije, pero ¿por qué? No, porque me acosa esta mujer. Le dije, oye, pero es mi coche, me lo gané. Y además con todos los riesgos que se implicaba.

No, pues lo regresamos. Bueno, le dije, no. Bueno, ella un día fue y lo regresó al coche.

Se lo entregó a esta mujer. Un día yo ya no tenía mi coche, gracias a un contador hermoso de Milenio Diario que me consoló, me daba raíces hasta el Estado de México. De verdad, fue muy difícil.

Entonces, estas son las mujeres proxenetas, prostitutas, que de una forma sofisticada intentan prostituir y hasta hoy ejercer el poder que creen que tienen sobre los demás. Y esto lo quiero para las chavas, para las niñas y para las madres. Eso no se hace.

Y hoy en día que tengo, por salud mental, que están un poco lejos de mi madre, yo le admiro que está haciendo mucho trabajo para dar cursos de lo que ella no pudo hacer. Pero esta desgraciada que se llama Nancy Rodríguez, yo creo que ella merece un juicio, definitivamente. Bueno, bye.

Buenas noches. Y buenos días.