La revista electrónica de Los Cabos
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Camino a todos los deseos

Por: Sandra Ricco



Está este verano con cierta melancolía.

En estos días de COVID-19 salir a pasear y tomar el aire fresco es un privilegio.

Porque sentir la brisa del mar caminando, nadando o en alta mar es pura supervivencia.

La vistas al desierto nos recuerdan lo extravagante de nuestra tierra. Porque la carretera lejos de ser estrepitosa como la de las grandes ciudades, donde los autos aturden, es serena y fluye...quizá por eso relaja manejar. Nuestros visitantes se sienten enamorados por el sonido del mar que les canta una suave melodía.

Borregos cimarrones es posible observar, tierra de cactus, playas que aun son desiertas, donde ver toda clase de aves echándose clavados en la espuma del mar es imperdible.

En sus desolados islotes es común encontrar relajados lobos marinos que acompañan a los buceadores y a pescadores en su aventura diaria, los cardúmenes que les rodean tienen variadas especies de peces de colores y exóticas plantas, se dice, medicinales, como las algas.

La originalidad de esta región resulta ecléctica, y es por su unión mar-desierto de forma majestuosa, y dramática que cautiva a extranjeros y propios, al ser un sitio único, inolvidable.

Cuentan historiadores, que hoy coinciden, que el nombre de California se debe a una novela de caballos de García Ordoñez en la cual describe una Isla Misteriosa rica en oro y perlas y poblada de mujeres solas, llamada California, hoy como sabemos, ya hay más hombres que mujeres. Se dice que Piratas del Caribe tomó inspiración de esta Península, tierra incógnita.

La diversidad de climas o micro climas como le llaman algunos biólogos renombrados es notable y se inicia desde Guerrero Negro donde se encuentran las salinas más grandes del mundo.

Bahía de la Concepción queda de paso al rodear por Santa Rosalía y se aprecia nuevamente la unión del mar y el desierto, preciosa.

Visitar Bahía de Asunción es opción donde el conjunto de playas con dunas costeras para snorkelear, pescar y bucear con paisajes poco poblados.

Fauna marina a observar en la Bahía de San Hipólito y Bahía de Los Muertos con su enorme playa donde se acostumbra a acampar, Cueva de León y Punta Arena se encuentran a sólo 7 kilómetros.

Vamos a Buenavista y su amplia caleta, de mar diferente, intensamente azul y de aquí a 15 kms. se encuentran otros grupos de playitas más concurridas. El Campo René es un tranquilo lugar, para acampar frente al estero El Coyote, donde el abulón se encuentra.

Llegarle a la Paz, emprendedora ciudad y capital del estado, con su hermoso malecón dotado en esculturas divinas de Juan Soriano, de pescadores contemplando los atardeceres más bellos del mundo.

A lo lejos Playa Tecolote se antoja, pero un bello oasis de arena blanca es la playa Balandra que es por fortuna hoy protegida de depredadores humanos. Este es el camino nos lleva a la Isla Espíritu Santo.

A desconectarse por unas horas del mundo, disfrutando de seres marinos, y su modo de vida, sin mayores pretensiones que subsistir y jugar.

Baja y recorre el centro, los pueblos y las isletas. En la península de vuelta se encuentra Los Cabos, llamada el fin del mundo, el fin de todos los caminos y principio de todos los deseos.

Siente y recibe la generosidad de Baja California Sur, eso si, con sana distancia y cubrebocas.