Por: LCJ

Viajar con un gato puede parecer una misión imposible. Sin embargo, con un poco de organización y paciencia, el trayecto puede convertirse en una experiencia mucho más tranquila tanto para el animal como para su familia.
Ya sea que el viaje sea por carretera o en avión, lo más importante es pensar en las necesidades del gato antes de salir de casa. Cada felino tiene su propia personalidad: algunos toleran mejor los cambios, mientras que otros se estresan fácilmente ante los ruidos, movimientos y lugares desconocidos.
Antes de emprender el viaje
La preparación comienza varios días antes. Conviene acostumbrar al gato a su transportadora, dejándola abierta en casa y colocando dentro una manta o algún objeto que tenga un olor familiar. La idea es que no la relacione únicamente con visitas al veterinario o situaciones desagradables.
También es recomendable consultar con el veterinario antes de un viaje largo. Una revisión permite confirmar que el gato se encuentra en buenas condiciones y conocer qué documentos, vacunas o requisitos pueden ser necesarios según el destino.
Si el viaje es por carretera
En automóvil, el gato debe viajar siempre dentro de una transportadora segura y bien colocada. No es buena idea llevarlo suelto dentro del vehículo: un movimiento inesperado, una puerta abierta o una frenada pueden convertirse rápidamente en un accidente.
Durante trayectos largos, hay que hacer pausas para revisar que tenga agua, que se encuentre cómodo y que la temperatura dentro del automóvil sea adecuada. Nunca se debe dejar al gato solo dentro de un vehículo estacionado, especialmente cuando hace calor.
También ayuda mantener una rutina lo más parecida posible a la de casa. Llevar su alimento habitual, agua, una manta conocida y, si es posible, su arenero puede hacer que el entorno resulte menos extraño.
Y si el viaje es en avión…
Aquí la preparación debe ser todavía más cuidadosa. Las políticas para transportar mascotas cambian según la aerolínea, la ruta y el tipo de vuelo, por lo que es indispensable consultar directamente con la compañía aérea antes de comprar el boleto.
Dependiendo de las reglas de la aerolínea, algunos gatos pueden viajar en la cabina dentro de una transportadora aprobada. Los requisitos pueden incluir dimensiones específicas, documentación veterinaria y restricciones sobre el número de mascotas permitidas por vuelo.
Es importante no asumir que todos los vuelos aceptan mascotas. Una llamada o consulta previa puede evitar sorpresas el día del viaje.
Un pequeño kit que hace una gran diferencia
Para un viaje largo, conviene llevar a la mano:
- Alimento suficiente para todo el trayecto y un poco extra.
- Agua y un recipiente adecuado.
- Bolsas para limpiar.
- Toallas o mantas.
- Un pequeño arenero y arena, si el viaje lo requiere.
- Los documentos y registros veterinarios necesarios.
- Una identificación con los datos de contacto del propietario.
Y quizá lo más importante: paciencia. Un gato puede maullar, esconderse o mostrarse inquieto durante el viaje. Hablarle con calma y mantener un ambiente tranquilo puede ayudar mucho.
Viajar también es cuidar
Los gatos no entienden por qué de repente abandonaron su casa para entrar a un automóvil o a un aeropuerto. Para ellos, todo lo que ocurre durante un viaje es nuevo.
Por eso, más que intentar que el gato “se acostumbre” a la fuerza, se trata de darle seguridad, tiempo y familiaridad dentro de lo posible.
Con una buena preparación, el viaje puede ser mucho más sencillo. Porque cuando nuestras mascotas forman parte de la familia, también merecen viajar con nosotros de la manera más segura, tranquila y responsable posible.

