Espíritu Santo, elevación del aura

Estamos en una dimensión distinta en agosto, con coordenadas sobre el Golfo de California.

Vamos hacia la exploración y el descubrimiento de los más sorprendentes rincones marítimos y sus seres celestiales.

Es el ambiente de verano a 39 grados y está prohibido desfallecer.

Vamos a navegar…

Son las 8 a. m. La brisa es fresca; puedes partir del puerto de Pichilingue, pero hoy nuestra cita es en Fun Baja, con amigos nativos emprendedores.

Podemos bucear; es una práctica imperdible, necesaria, que se vive al máximo en esta área, una reserva natural, así que nos probamos los trajes y el equipo necesarios para, por lo menos, snorkelear.

Vamos en la lancha e Isaac, nuestro guía, nos está dando las instrucciones de cómo usar el equipo para snorkelear. Luego se sienten un poco los nervios de meterte a alta mar con los peces y corales; te relajas y te lanzas al agua. Está fresco; el cuerpo lo agradece. Segundos después, te pones tu máscara de snorkel y ves cómo muchos peces nadan debajo de ti, de múltiples colores y especies. Nadando un poco más, puedes observar cómo un cardumen de peces grises se refugia adentro de unos corales por precaución ante nosotros.

Ahora vamos al islote de los lobos marinos. La marea es más alta, así que nos piden a todos ponernos los chalecos salvavidas. Una vez más, antes de meternos al mar, sientes un poco de nervios; es la emoción de descubrir… ¡wow! Ahora todo adquiere un color azul ultramar. Se ven las rocas en el fondo marino y la marea chocando con las piedras; se escucha el sonido sinfónico que transmite. Vamos rodeando la isla nadando, observando el mar por si un lobo marino va con nosotros a saludarnos. Después, un curioso lobo marino pequeño, que desde las rocas nos observa sorprendido por nuestra presencia, se echa un clavado hacia aquí para investigarnos; pasa al lado de nosotros, juega un poco con Isaac y luego se va con su mamá. Seguimos nadando en círculos alrededor de la isla en busca de un lobo marino, pero no hay nada. Antes de irnos, se ve cómo el macho alfa le habla a toda su manada para que le hagan espacio: un macho alfa enorme y magnífico. Después de eso, mientras nadamos hacia la lancha, un lobo de mar pasa nadando rápidamente por debajo de mí, dándome la alegre despedida…

La tripulación y las especies marinas son jóvenes en cuerpo y alma.

Nos ofrecen, con sonrisas, burritos de carne o ceviche para el almuerzo.

La Sierra de la Giganta, como un panorama digno de una obra de arte, nos acompaña mar adentro. Imponente, con paisajes deslumbrantes si eres amante de la natura y la aventura.

Encontrarás de paso un cañón con ascenso a paredes inclinadas y largas caminatas… y un riachuelo que forma pozas… y ¡a nadar!

Es una fortuna estar aquí cuando sabemos de los largos viajes que hacen los extranjeros para encontrar un sitio perfecto donde practicar deportes como remo en kayak, caminata, velero y windsurf.

Pero la observación de la naturaleza, que representa un encuentro con el patrimonio natural que posee el estado de Baja California Sur, es la actividad más excitante para mí.

¿Será necesario llegar al punto de declararlo área natural protegida de punta a punta? Hagamos un estudio terrenal.

Vamos rápido… El agua del mar nos baña al encontrar una marea alta. ¡Emocionante! Aún falta una hora y media para llegar a la Isla Partida.

La costa del Golfo de California nos permite disfrutar de aguas de transparencia total.

Sus colores cambian a cada tramo; las reconozco a todas: son el reflejo ancestral y puro.

Las veo de nuevo como en un sueño hecho realidad.

Llegamos entonces a las cuevas, acantilados que rodean zonas vegetales.

Se apaga el motor. Se escucha el silencio, que es el murmullo del viento y la vida acuática.

Estamos en un santuario —le digo a Sandro—, en tu tierra. Conócela y presérvala.

Los veo sumergirse. Elsy va guiando el nado y, al mismo tiempo, enseñando sobre la flora y la fauna en el circuito de Neptuno, que, en la mitología y en la realidad de algunos, es el rey del mar.

El capitán me comenta, entusiasmado, sus planes de preservación. Le preocupa, a sus casi 25 años, la inversión en enormes hoteles sobre las playas. Coincidimos en que, sin más regulación, la zona puede convertirse en un área de suciedad, malas prácticas y falta de agua.

Sandro nada ya en buceo libre… Creció; me lo demuestra explorando a solas.

Y sigo… Mi opinión es que solo los mejores deben invertir aquí, y con eso me refiero a los empresarios conscientes y con probado prestigio ecológico y humano, que preserven la dignidad de la vida marina y la humana. Punto. Nos reímos; estamos soñando frente a la inmensidad.

Un chapuzón para avanzar.

Andiamo… Hora de seguir navegando. Vamos hacia nuestro campamento, donde será posible vivir varios días iluminados por el sol y las estrellas, nuestras aliadas en la supervivencia.

El itinerario final es la isla Espíritu Santo, un archipiélago protegido. A su alrededor existen distintas playas vírgenes, ¡sin habitar! ¡Qué majestuosidad!

Hacer kayak en el mar en estos bellos parajes también es posible desde Punta Eugenia y en gran parte del litoral… Tanta belleza que me hace llorar así o más que una buena obra humana o un cuadro de Siqueiros. Porque nos cuenta la verdad.

Amaneció.

El día es perfecto para pasar por Playa Ensenada, a la altura de mar abierto. No tengo miedo… Dicen los marinos que aun en estas fechas anda por ahí algún tiburón martillo.

Llegamos a Las Calaveras, cuevas donde los nativos guaycuras daban una segunda muerte a sus difuntos, envolviendo sus huesos en telas y pintándolos de rojo y negro. Las esculturas hechas por el mar son fabulosas, como el rostro del dios guaycura.

Paisajes submarinos que nos permiten vivir en otra órbita. En otra dimensión de arrecifes y estrellas de mar… un verdadero palacio según recuerdo.

Imperdible… con bancos de coral rodeados de vida acuática sorprendente.

Un viaje fascinante y edificante.