Sabiduría
Hola, ¿cómo están? Espero que muy bien. Buenos días, buenas tardes o buenas noches, donde quiera que me escuchen. Bueno, hoy estuve estudiando y repasando teología y estaba pensando en la sabiduría que tanta falta hace.
Recuerdo entonces que tenemos un poema o un verso largo que habla sobre la excelencia y la eternidad de la sabiduría. Entonces, se los comparto así. No clama la sabiduría y da voz a la inteligencia.
Mira, en las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para. En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad. A la entrada de las puertas da voces.
Oh, hombres, a ustedes clamo. Dirijo mi voz a los hijos de los hombres. Entiendan, oh simples, discreción.
Y ustedes, necios, entren en cordura. Oigan, porque hablaré cosas excelentes y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad y la impiedad abominan mis labios.
Justas son todas las razones de mi boca. No hay en ellas cosa perversa ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende y razonables a los que han hallado sabiduría.
Reciban mi enseñanza y no plata y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas. Y todo cuanto se puede desear no es de compararse con ella.
Yo, la sabiduría, habito en la cordura. Y hallo la ciencia de los consejos. El temor de Dios es aborrecer al mal.
La soberbia y la arrogancia y el mal camino. Y la boca perversa aborrezco. Conmigo está el consejo y el buen juicio.
Yo soy la inteligencia. Mío es el poder. Por mí reinan los reyes.
Y los príncipes determinan justicia. Por mí dominan los príncipes. Y todos los gobernadores juzgan la tierra.
Yo amo a los que me aman. Y me hallan los que temprano me buscan. Las riquezas y la honra están conmigo.
Riquezas duraderas y justicia. Mejor es mi fruto que el oro. Y que el oro refinado.
Y mi rédito mejor que la plata escogida. Por vereda de justicia guiaré. Por en medio de sendas de juicio.
Para hacer que los que me aman tengan su heredad. Y que yo llene sus tesoros. Dios me poseía en el principio.
Ya de antiguo. Antes de sus obras. Eternamente tuve el principado.
Desde el principio. Antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada.
Antes que fueran las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fueran formados. Antes de los collados ya había sido yo engendrada.
No había aún hecho la tierra. Ni los campos. Ni el principio del polvo del mundo.
Cuando formaba los cielos. Allí estaba yo. Cuando trezaba el círculo sobre la faz del abismo.
Cuando afirmaba los cielos arriba. Cuando afirmaba las fuentes del abismo. Cuando ponía al mar su estatuto.
Para que las aguas no traspasen su mandamiento. Cuando establecía los fundamentos de la tierra. Con él estaba yo ordenándolo todo.
Y era su delicia de día en día. Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra.
Y mis delicias son con los hijos de los hombres. Ahora pues, hijos, escuchen. Y bienaventurados los que guardan mis caminos.
Atiendan el consejo y sean sabios. Y no lo menosprecien. Bienaventurado el hombre que me escucha.
Velando a mis puertas cada día. Aguardando a los postes de mis puertas. Porque el que me halle hallará la vida.
Y alcanzará el favor de Dios. Mas al que peca contra mí defrauda su alma. Todos los que me aborrecen aman la muerte.
Ese es el verso. Obviamente, pues es un libro antiguo. 1919-1960, la primera corrección.
Y cuando se refiere a los hombres, antes el hombre y la mujer eran uno. Así se contemplaba. Lo comento porque algunas mujeres me han dicho que el libro más machista del mundo es la Biblia, el libro de la Biblia.
Pero es que es un libro antiguo. Y antes, hombre y mujer se consideraban uno. Entonces, por eso se dirige a los hombres.
Pero en realidad es al hombre y la mujer. Entonces, bueno, les quería compartir esto. Aquí en el Golfo de California ya son las 1.33. Hora de comer algo.
Y espero que estén muy bien. Nos vemos a la próxima.
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