Ballet Folklórico de México, Amalia Hernández

Vámonos de Viaje.

Festejemos aquí el aniversario de la creación de el mejor ballet Folklórico de México. Cumple hoy 65 años.

65 años de un viaje de bailables llenos de color, fuerza y pasión que va desde «El Son de la Negra», pasando por «Fiesta de Veracruz», «Juana Gallo», «Adelitas», «Tehuantepec» y «Sones de Michoacán»; a la danza del venado, que nos lleva de nuevo a nuestras raíces prehispánicas.

El viaje que huele a tierra, maíz y dulce, inspirado por nuestra gente, coraje y esfuerzo.

Mostrando la mexicana contemporaneidad de nuestro país, fusión de historia, ballet clásico, folklórico y moderno, aire creativo que viene de los pueblos más remotos, de su gente mestiza y morena.

Un viaje por México, que va por todo el mundo, a través del Ballet Folklórico de México, el gran legado de una mexicana excepcional: Amalia Hernández.

Amalia, bailarina, siente la necesidad de proyectar el universo que es México a través de sus regiones, inspirándose en el color, cultura y fuerza de nuestra tierra y así enaltecer el espíritu de quien lo contempla.

El Ballet Folklórico de México es el máximo exponente del ballet hecho en México; reconocido desde los años 60 en todo el mundo por su magia, belleza y arte escénico que refleja pasión y compromiso por conservar nuestras raíces ancestrales, es sin lugar a dudas el mejor ballet de México, según los críticos expertos.

Es Amalia, la mujer coreógrafa de profesión con personalidad fuerte y disciplina férrea, maestra de vocación heredada de su tradición familiar (por su bisabuela, abuela y madre), la artífice de tan magistral viaje que va de la cultura precolombina, las influencias españolas de la época virreinal, hasta la fuerza popular de la Revolución, que termina, de nuevo, en nuestro origen indígena con la danza del venado, que representa al pueblo cazador por excelencia: los yaquis, que se han mantenido al margen de la influencia moderna y constituyen la única tribu aborigen que conserva en el pasado la autonomía original, libre de todo mestizaje y compromiso con la cultura contemporánea o capitalista, quienes conservan su tradición de caza con arco y flecha, y siembra, así como sus danzas rituales, con el mismo hermético fervor.

Porque a través de este viaje lleno de emoción y orgullo nos lleva por sentimientos entrañables que transmite a todo el afortunado que presencie este espectáculo de talla internacional.

Premiado alrededor del mundo con más de 300 preseas, destacando la legión de Honor de París, El Royal Festival Hall de Londres, y el galardón Tiffany de Nueva York; es así como Amalia nos recuerda desde donde esté, quiénes somos y de qué estamos hechos, por si se requiere refrescar memoria.

El singular carácter de este ballet está hecho a mano, porque se fusiona nuestro folclor con la elegancia y cultura nacional y experiencia y mundo de su creadora, a través de disciplina, rigor escénico y técnico, que dan vida a sus coreografías para 76 bailes regionales, 600 bailarines y artistas que muestran en cada paso su formación que no pide nada a la Royal Opera de París. Y, sólo como dato, son 20 toneladas de equipo a cargar, que incluye el vestuario que es en sí mismo una verdadera obra de arte y amor por México.

Porque México como bien decía Amalia, es para presumir todo el año, algo que logra el Ballet Folklórico de México desde su casa: el Palacio de Bellas Artes, donde se presenta cada semana o a través de sus giras mundiales.

Diversidad, tradición, pasión, historia, riqueza de color, formas y alma son sólo los ingredientes de nuestro México que se plasman en los 57 excelentes bailables como La Boda de Tehuantepec, donde todavía hoy es tradición robarse a la novia.

Gracias Amalia.